Barcelona, años 2000. La ciudad, tras la resaca de los juegos olímpicos, continúa su proceso de transformación en la megalópolis turística en la que acabará de convertirse años más tarde. Un par de días en la vida de diferentes personajes inmersos en el devenir de la ciudad… Un saxofonista en busca de su identidad, un discreto empresario de éxito que lucha por mantener el equilibrio, una inmigrante al acecho de oportunidades, padres abúlicos, madres egocéntricas, delincuentes resentidos con su suerte… Todos bien mezclados en un cambalache contemporáneo donde nadie parece saber muy bien hacia dónde ir. Una coral de solistas interpretando la improvisada sinfonía de lo cotidiano.
Daniel Cavanilles Walker (Barcelona, 1977). Nace en la comodidad del Eixample barcelonés y en su infancia y adolescencia no tiene ni aficiones ni talentos destacables. Durante su juventud, su única constante es el cambio, comenzando proyectos y trabajos sin aparente orden. Intenta ser nihilista, pero ni en eso consigue perseverar, y se aficiona a escribir poesía, de la que afortunadamente no queda constancia. Un par de carreras universitarias inacabadas y trabajos mal pagados de toda índole, desde la construcción a la hostelería, pasando por la venta comercial o la jardinería, ocupan con desidia los siguientes años de su vida. Con la llegada de su primera hija, ante la vergonzosa perspectiva de tener que explicarle que su padre es un inmaduro idealista, decide centrarse en su futuro laboral. Se hace buzo, lo cual será un movimiento clave en su desarrollo al acercarle al mar, al que siempre había ignorado. Su primer trabajo como buzo le lleva a la náutica y toma los estudios para convertirse en patrón profesional. En el mar, siente haber encontrado una profesión digna y un refugio romántico a los sinsabores de la vida consumista. Dos hijos más tarde, consigue consolidar su profesión y encuentra la estabilidad que, sin ser consciente, siempre había buscado. Consigue volver a la clase media y disfruta sin rubor de sus ventajas. Actualmente, combina su trabajo en la náutica con sus estudios de música, que, junto con la apnea deportiva, se han convertido en su pasión. Apenas escribe y es una persona feliz junto con sus tres hijos.
