Nacemos de la quietud: Consciente o inconscientemente, todas las personas se esfuerzan por encontrar esa paz que supera todo entendimiento. Has nacido de esa paz; has nacido de esa quietud. Eres la manifestación de esa quietud que es el Manifestador. Y una atracción magnética tira de ti continuamente, de vuelta a esa quietud original.
La naturaleza de la consciencia: Cuando utilizas la palabra «naturaleza» junto a la palabra «Consciencia», estás calificando a la Consciencia. Estás atribuyéndole cualidades. Y la Consciencia es sin atributos. No tiene cualidades de ningún tipo. Simplemente Es. Un estado en el que simplemente Eres.
Nunca estuvimos separados de la Divinidad: Nuestro ego es la causa de nuestro sentimiento de separación. Porque el ego se cree eterno, aunque no tenga sustancia propia y solo exista temporalmente, gracias a la luz reflejada del Ser real inmutable. Así, son nuestros pensamientos, al asumir, ellos mismos, que son reales, los que nos aseguran que esa falsa separación existe.
El ego es la manifestación de la Divinidad: Incluso el ego es Divino. Porque tanto lo real como lo irreal tienen su realidad dentro de su contexto aparente, aunque esta no sea una realidad inmutable. Y, somos nosotros, empujados por nuestro ego, los que perseguimos lo aparente, olvidándonos de lo inmutable.
En la quietud conocerás que yo soy Dios: Dice un antiguo aforismo: «Si a Dios le añades la mente, surge el ser humano; si al ser humano le quitas la mente, surge Dios». Para encontrar esa paz original, como se dice en la Biblia: «¡Estad quietos y conoced que Yo soy Dios!» (Salmo 46:10).
Experienciar el ahora de la vida: Cuando dejamos de prestar importancia a nuestro ego, experimentamos el aquí y el ahora de la vida. Ahí experimentamos la realidad inmutable, la Unidad absoluta de Dios y la vida. Porque recordamos que no somos el hacedor. Entonces, nuestras acciones no crean ataduras. Y encontramos la libertad en esa Consciencia de Unidad, donde el actor, el resultado de actuar y la propia acción se han hecho Uno.
Gururaj «nos enseñó a vivir» a muchos a través de sus satsangs entre 1974 y 1988. Infatigable en su tarea, realizó múltiples encuentros en España, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Dinamarca, Irlanda, Bélgica y Sudáfrica.
Aunque su enseñanza se apoya fuertemente en la filosofía Vedanta de la No Dualidad, él mismo se proclama como universalista, y lo es y mucho.
Sus palabras son exactas, completas, frescas. Tiene la habilidad de abrirnos los ojos, de descubrirnos nuevos paisajes, aportando siempre puntos de vista prácticos para aplicar en nuestra vida. «Quiero un Dios vivo», nos repetía con frecuencia. ¡Qué sencillo es ser feliz, pero qué difícil es ser sencillo!
Un Maestro puede aclararte las ideas, pero lo más importante es que te abra el Corazón.
Gururaj es un «ladrón de corazones», y a bastantes de nosotros nos robó el nuestro. Por eso nos dijo: «Yo no os amo, yo soy el Amor». Su enseñanza va, precisamente, dirigida a equilibrar ese enorme desarrollo del poder de la mente del ser humano, que se refleja en la tecnología. No a evitarla, sino a que sea encauzada por el Corazón.
No se trata de anular la mente, sino de hacer que el Corazón crezca.
