Salaz centauro de la cazadora,
tu piel albaricoque aún me desata,
tu enardecida fiebre aún me arrebata,
tu pugna salivosa y cegadora.
Te sueño con tu moto atronadora,
persigo tu mirada de pirata,
aún siento el azabache de tu mata,
la llama de tu fuego aún me devora.
Venías y te ibas a tu aire,
risueño sin palabras ni promesas,
ajeno a la falsía y al desaire,
cual gato montaraz de las dehesas.
Rebusco todavía tu donaire,
cansado de alimañas genovesas.
