Aquiles leridano,
brillabas en el tren,
un ávido barbudo
aspiraba tu miel,
tu cuerpo sudoroso
mojaba tu jersey,
tres estudiantes pijas
admiraban tu piel,
pontificaba el chivo,
quería tu clavel,
goteaban tus rizos,
olías a corcel.
Me bajé en San Cugat,
me perdí aquel burdel.
