Las reinas olvidadas

Irena Rivez
Ficción
298 páginas
ISBN: 978-84-19384-30-0
PVP (papel): 18,00

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Sobre el libro

Las reinas olvidadas, las reinas a las que la memoria histórica no hizo justicia, las reinas que no han sido valoradas como merecían durante siglos. Por suerte, sus contemporáneos dejaron testimonios que nos ayudan a conocerlas mejor y a formar nuestra propia opinión sobre su importancia en la historia.

«Cuando yo la vi muy bien me pareció, y con buena manera y continencia hablaba, y no perdiendo punto de su autoridad y aunque su marido y los que venían con ella la hacían loca, yo no la vi sino cuerda». Enrique VII, rey de Inglaterra, sobre Juana I de Castilla.

«Mi seso no sabrá dar los loores  que a tal princesa pertenecen. Solo diré que parecía bien que es hija de Vuestras Altezas en todo, y que de su edad es sin par en el mundo». Embajador de Fuensalida (1500).

«Los criados y servidores de la reina dicen públicamente que el padre y el hijo la han detenido tiranamente y que es tan apta para gobernar como lo era a la edad de quince años y como lo fue la reina Doña Isabel». El cardenal Adriano a Lope Hurtado de Mendoza.

«… que quedaba muy buena y sana y siempre lo había estado; y si otra cosa se me hubiese dicho: que estaba mal dispuesta y enalienada, como se publicaba, que no lo creyese; porque se decía con malicia y no buenos respetos». El Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, a Fernando el Católico en 1505.

«Ah, pero la dama. Creed en mi palabra, encanto el corazón de todos. Posee todas las cualidades que constituyen la belleza de una jovencita encantadora. En todas partes recibe las mayores alabanzas». Tomás Moro, sobre la llegada de la infanta Catalina a Londres.

«Si no fuera por su sexo, podría haber desafiado a todos los héroes de la historia». Thomas Cromwell.

«No solo es una de las mujeres más bellas de Europa sino la más inteligente que jamás hubiera conocido». Erasmo de Rotterdam.

«… estáis defendiendo vuestro país y vuestras familias. ¡El Señor sonríe a aquellos que se levantan en defensa de los suyos! ¡Recordad que el coraje inglés supera el de todas las demás naciones!». Catalina de Aragón en su discurso a las tropas inglesas antes de la Batalla de Flodden.

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