Con este nombre se conocía a la meseta escondida entre montañas que actualmente es el Tíbet, antes de la influencia del budismo, ya que el ocre enrojecía los rostros de sus pobladores, quienes lo usaban para protegerse de los insectos y el frío.
Las páginas de este libro nos hablan de un paisaje espinoso, como si la Tierra sintiera un escalofrío y se erizara, creando puntiagudas cimas, las más altas del planeta. Hablan de valles donde el aire transporta mantras musitados por monjes y donde transitan renunciantes vestidos con túnicas naranjas. Lugares donde sobrevive milagrosamente una cultura que hace preguntarnos por qué en Occidente no existen médicos especialistas en tratar el alma.
El libro relata el sufrimiento de la población tibetana y de la pacífica lucha de un pueblo que cree, acertadamente, en los milagros y se resiste a desaparecer. También aborda el alpinismo, una actividad tan brutal que se acepta como probable que el resultado final sea la muerte de los participantes.


Toni Paradell recorrió el Tíbet en 1993. No es que este viaje cambiara su manera de pensar, pero sí transformó su manera de viajar y de entender el mundo. Abrió su mente a la extraordinaria diversidad que conforma nuestro planeta, observando y aprendiendo siempre de los seres que lo habitan, por muy diferentes que sean, o tal vez gracias a ello.
Como alpinista, intenta tocar la belleza de los paisajes, alcanzando algunas cimas y logrando buenos intentos de ascensión. También escribe sobre montañas, porque no sabe dibujarlas. Este es su tercer libro.
