En mi escuela y zoo
he reído y he llorado,
he guardado silencio
y, callado, he admirado
y escrito con líneas torcidas
en el corazón y el encerado…
También he aprendido
a esperar al trigo dorado
tras sembrar, no importa el tiempo,
con esfuerzo y de sudor regado…
Y si al marchar, con paso firme,
una sonrisa han regalado,
después de muchos tropiezos
aun siendo acompañados,
es que el corazón baila y se alegra
porque ama y se siente amado…
