Breves de agosto nos conduce por un sendero sentimental y afectivo. Entra en él como si caminaras, solo o acompañado, por una senda de requiebros entre rastrojos, encinas, enebros, calandrias, tomillos de espliego y balidos de reses en campo castellano a cielo abierto con el fondo de una puesta de sol que llame a la esperanza.
Las delicadas y dinámicas ilustraciones a carboncillo amplifican el sentido del mensaje de la modesta estrofa. Y te puedes quedar un rato largo en la página y beber la misma agua y en el mismo cauce con intensidad. Cada día, algo de poesía.
Porque al final eso es lo que nos queda: el tiempo que nos regalamos. Ese tiempo pausado en el que las palabras nos envuelven, en el que miramos y escuchamos con el corazón permitiéndonos sentir, recordar y descubrirnos de nuevo.
