Nunca estuve cómodo del todo, y creo que hoy en día sigo sin estarlo. En general, noto como que algo no va bien. Pero no sé, aquí seguimos, qué remedio.
Mi nombre es Carlos Andrés y me llamo así por mis dos abuelos. Soy del sureste de Madrid y, la verdad, la pego bien.
Me he criado en un barrio normal, viendo a mi padre y a mi madre dejándose el lomo por nosotros, intentando ejercer de hermano mayor para mi hermana, escuchando muchísima música, viendo y jugando muchísimo fútbol, haciendo rabiar a mi abuela, queriendo ser como mi primo mayor e intentando ser un ejemplo para mis primos pequeños.
Llevé el brazalete en todos los equipos en los que he jugado, el dorsal cinco, el veintitrés, el diez… Tuve un grupo con el que, de niños, grabamos una maqueta. Me he saltado alguna clase que otra y me elegían de los dos o tres primeros cuando jugábamos partidillos en el campillo. Pero, vamos, que tampoco te voy a contar toda la peli, porque no me considero nadie especial, soy un tío normal que va a trabajar por las mañanas, hago deporte por las tardes, veo a mis amigos de vez en cuando, paso el verano en el camping y, en ocasiones, escribo.
Por no hacerte el cuento largo, un día me dio por juntar notas que tenía escritas, entablé una serie de conversaciones, recopilé un par de idas de olla, junté la experiencia que he ido acumulando hasta este momento en este juego al que muchos llamamos vida y empecé a darle forma a esto.
No pretendo sentar cátedra, no sabría hacerlo. Esto no es un manual, son una multitud de dudas escritas desde el punto de vista de un ignorante al que no le queda otra que seguir caminando como buenamente puede. El resto (no) es historia.
Carlos A. Fernández.
