Combustible para cohetes

Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...

Un niño contra Amazon (y nosotros en medio)

Verás, llevamos la tira de años colgando libros en Amazon. Y aun así, cuando me preguntan, siempre digo lo mismo.

Una y otra vez.

Lo mismo.

“No hay ninguna diferencia entre que subas tú el libro a Amazon desde tu propia cuenta KDP o que lo subamos nosotros desde la nuestra.”

O dicho de otra forma:

No vamos a conseguir que vendas más.

No vamos a proporcionarte mejores opiniones de los lectores.

No somos amigos de Jeff Bezos (gracias a Dios).

No tenemos sede en Hong Kong, Albacete y Nueva York.

Pero en realidad sí que hay una diferencia.

Una muy gorda y muy evidente.

Seguro que ya te has dado cuenta de cuál es.

Exacto:

Que llevamos muchos años colgando libros en Amazon y nos ha pasado de todo en su plataforma.

De todo.

Inexplicables bloqueos a ciertos contenidos.

Misteriosas tiendas extranjeras de segunda mano vendiendo a precio de oro nuestros libros.

Insospechadas sinergias en la impresión bajo demanda.

De-to-do.

En parte es divertido porque se parece mucho a una serie de televisión.

Una de policías y casos misteriosos que hay que resolver.

Con pistas.

Con mayordomos.

Me acuerdo una vez que Amazon bloqueó uno de nuestros libros porque vulneraba el copyright de un videojuego.

Los dueños de la marca se habían quejado y querían demandarnos.

No era un videojuego famoso, en plan Mario Kart o Medal of Honor.

Ahí nos habríamos dado cuenta.

Era uno indie.

Lo bastante desconocido para que se nos pasara.

Lo bastante conocido como para tener un dueño, vigilante de su marca.

En nuestro contrato los autores nunca ceden derechos pero sí que se hacen responsables del contenido de su libro (plagios, etc.), así que dentro de lo que cabe estábamos tranquilos.

Hablamos con el autor y…

(aquí viene el giro de guión)

…nos confesó que en realidad tenía ¡13 años!

Sus padres le habían dicho que OK, que pagaban el libro pero que no querían saber nada del proceso, y el niño había firmado el contrato pasándose por el forro lo de “mayor de edad”.

Nunca había usado el teléfono.

Nunca había dicho nada sobre su edad.

Y el misil siguió su curso, indetectable, hasta que Amazon recibió las quejas del dueño del videojuego y explotó en nuestras posaderas.

Ay.

Todo el mundo intenta resolver los problemas por las buenas porque los juicios son caros, lentos, imprevisibles.

Y más si tienes que litigar en un país extranjero, como era el caso.

Así que (tranquilamente) le explicamos a Amazon lo que había pasado: era el libro autoeditado de un niño de 13 años al que le encantaba el videojuego en cuestión.

Amazon se lo explicó a los del videojuego.

Y los del videojuego decidieron no demandar y conformarse con que retirásemos el libro de la venta.

Final feliz.

Sobre todo para los padres del niño que estaba sudando sangre. Y para nosotros que estábamos en medio de todo aquel entuerto.

Pero estas batallitas son mucho más que una anécdota.

Son experiencia.

Experiencia que nos permite ver ciertas cosas antes de que sucedan.

No entrar en pánico cuando pasan otras.

E incluso tener información privilegiada sobre cómo funciona la plataforma.

Me refiero a cuántos ejemplares vendes al día si tu libro está en el top de más vendidos de Amazon España, por ejemplo.

O a cómo puntúan en los rankings las ventas o las opiniones de clientes.

O a cómo funcionan realmente las categorías.

Son secretitos que Amazon, en sus contratos, prohíbe decir.

Pero los vemos pasando por delante de nuestras narices.

Todos los días.

Piensa que llevamos 10 años colgando libros en su plataforma. Libros de todo tipo. Cientos y cientos.

Lo que no hacemos es decidir por ti. Si necesitas algo, estamos aquí con todos nuestros servicios (corrección, maqueta, ISBN, ebook, imprenta y distribución) bien visibles y relucientes al otro lado de la flecha.

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