Combustible para cohetes

Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...

Todo eran risas

No sé si lo sabes, pero los autores han sido siempre el patito feo del mundo editorial.

Me refiero sobre todo a la parte económica del asunto, o sea, a cobrar.

Y a la parte ejecutiva, o sea, a tener el control de lo que pasa.

Y por supuesto, me refiero a la gran mayoría de los escritores profesionales, no a las superestrellas tipo Stephen King.

Pues eso, que casi tenían que dar las gracias al editor por publicar su libro.

No tenían ningún poder de decisión sobre nada (plazos, cubiertas, materiales).

A veces incluso cambiaban el título de su libro sin avisarles.

O modificaban su nombre con fines comerciales, otra vez sin decirles nada.

Agustín Cerezales (hijo de la famosa Carmen Laforet) me contó una vez, hace mil años, que se encontró su nombre escrito tal que así en la portada de un libro suyo: A. C. Laforet.

Ay, los editores, qué malvados que son.

Por supuesto les engañaban con las cuentas constantemente.

Carmen Balcells, la agente más importante en lengua castellana, se inventó (en el mundo de la edición en español) el adelanto para luchar precisamente contra eso.

Ella ya murió.

Y parece que el adelanto también.

Pero las cosas están empezando a cambiar.

¿Sabes ese chiste de todo eran risas hasta que descubrimos que el tartamudo quería jamón?

Pues los autores ahora quieren jamón.

Y a los grandes grupos editoriales se les han quitado las ganas de reír.

Y todo gracias a la autoedición.

Ya te sabes la historia:

Las grandes editoriales ningunearon el ebook (retrasando los lanzamientos en este formato, subiendo los precios…) porque su verdad comercial está sobre todo en el libro en papel: producir enormes cantidades de libros con costes muy bajos y ponerlos a la venta en infinidad de puntos físicos.

Pero en realidad lo que hicieron fue dejar un resquicio en la gran muralla por el que entraron hordas bárbaras de escritores independientes, hambrientos y sin nada que perder.

Y algunos traían libros de calidad debajo del brazo.

Libros bien editados, bien escritos, con portadas molonas, baratos.

Porque afrontémoslo: son poquísimas las editoriales que tienen construida una marca.

La gente rara vez se compra los libros porque sean de tal editorial.

A la gente lo que le importan son los autores y las obras.

Y por eso empezaron a comprar las de los escritores independientes.

Que sí construyeron marcas y que con el tiempo también empezarían a vender en papel bajo demanda.

Las editoriales descubrieron con horror que estaban perdiendo cuota de mercado.

Y entonces todo el mundo se hizo la misma pregunta:

¿Para qué sirven las editoriales?

Uno de esos grupos gigantes, Hachette, respondió con una carta a sus autores y agentes, intentando explicar por qué seguían siendo relevantes:

Nosotros detectamos y promocionamos el talento, decían.

Invertimos en él y asumimos un riesgo.

Somos especialistas en ventas y distribución.

Construimos la imagen de marca de los autores y vigilamos sus derechos. [1]

Algunos de los superventas de la autoedición les tenían ganas (venían de sufrir su maltrato como autores de clase media), y no tardaron en contestarles.

Mi querido J.A. Konrath, por ejemplo, les dijo a través de su blog (las acotaciones entre corchetes son mías):

Si queréis ser relevantes pagad más a los autores, poned los libros en el mercado más rápido [es verdad que suelen tardar entre 12 y 18 meses], sed más transparentes con las ventas y pagad mensualmente [lo normal es anualmente], dejad de perseguir inútilmente la piratería y bajad los precios de los ebooks. [1]

Yo a eso añadiría que lo de detectar el talento lo trabajan cada vez menos, al menos aquí en España, que tiran de famosos para los libros o de escritores descubiertos en realidad por editoriales pequeñas y fichados a golpe de talonario.

Y, bueno, claro que las editoriales tradicionales son relevantes, y claro que sirven, lo que pasa es que las cosas han cambiado y ahora hay que hablar de cómo repartimos el jamón.

Hay que negociar.

Pero también hay que pensar un poco en lo que uno quiere.

Si vendes mucho en Amazon lo más seguro es que una editorial grande te ofrezca un contrato de edición que te permitirá subir un peldaño en tu carrera de escritor/a comercial.

Porque es verdad que las editoriales tradicionales son buenas fabricando y colocando libros físicos en todas partes.

Pero, claro, tienes que querer ser un escritor comercial.

Si quieres conservar la libertad creativa y el control de tu trabajo, es mejor que no te subas a ese carro.

¿Me refiero a artistas rebeldes y atormentados que viven en un castillo en ruinas en Escocia?

No necesariamente, nosotros publicamos a muchos autores de clase media que vienen de las editoriales tradicionales para autoeditar sus libros y venderlos por su cuenta en Amazon.

Porque las editoriales tradicionales ya no tienen nada que ofrecerles.

Y sí mucho que quitarles.

Con nosotros podrás hacer lo que quieras porque nunca firmamos contratos de cesión de derechos. Más bien nos centramos en dar servicios de corrección, maqueta, ISBN, ebook, imprenta y distribución. Estamos aquí (debajo de la nota):


[1] La fuente de ambos textos es esta: 
https://www.writersdigest.com/whats-new/do-you-need-a-publisher-anymore



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