Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...
Había una película, que ya casi está olvidada, Philadelphia, igual te suena.
Trataba del sida y de la homosexualidad, pero en la vida de un abogado pijo y blanco.
En su tiempo fue muy escandalosa porque era Hollywood, con sus mega estrellas del cine familiar, hablando a las clases medias de Occidente de esas cosas tan incómodas.
Pasolini decía que ser escandalizado es un placer, pero me temo que no todo el mundo piensa lo mismo.
Hoy el sida no es muy relevante (tenemos otros virus) y la homosexualidad ha dejado de ser una especie de trágica excepción.
Ahora la vanguardia está en el género fluido y la pansexualidad.
Pero, bueno, a lo que voy.
En esa película, el protagonista (Tom Hanks) acude a un abogado negro muy espabilado (Denzel Washington) que dice esto cada vez que no entiende una cosa:
–Explícamelo todo como si tuviera ocho años.
Hay un truco más viejo que el sol cuando vendes algo (lo que sea) que consiste en explicarlo todo muy difícil para que nadie entienda nada.
Cambias las palabras por neologismos indescifrables.
Haces frases larguísimas.
Pones la letra de lo que no te interesa muy pequeña.
Das los detalles justo un minuto antes de firmar el contrato.
Con eso se consiguen dos cosas:
1) Que el cliente/usuario se sienta tonto y/o pesado si pregunta.
2) Que el cliente/usuario no entienda bien lo que le estás vendiendo y no pueda protestar ni por el mal servicio/producto ni por el precio.
Ejemplos de esto los tienes por todas partes:
Los productos bancarios y financieros.
Las etiquetas de los alimentos.
La Justicia.
La Medicina.
Y, sí, en los servicios de autoedición y en la edición en general también se usa con mucha frecuencia el truco de la ofuscación.
¿El antídoto?
Preguntar y preguntar y volver a preguntar.
Da igual que te hagan sentir pesado.
Da igual que te hagan sentir tonto.
Tú repite y repite hasta la extenuación:
Explícamelo todo como si tuviera ocho años.
Puedes usar esta otra variación (también muy efectiva): Explícamelo todo como si fuera tonto.
Cuando haces eso pasan cosas raras.
De esas en las que no sabes si reír o llorar.
A veces hasta te echan de la tienda (eso es señal de que te acabas de librar de una muy gorda).
A nosotros nos gustan los servicios claros y diáfanos, que podamos/puedas entender y explicar.
Que podamos/puedas controlar.
Eso implica renuncias, no te voy a engañar.
Por ejemplo, no ofrecemos ciertas distribuciones porque en su momento no entendimos bien las condiciones de sus proveedores.
Seguramente es que somos tontos.
O quizás es que pasaba algo raro ahí.
Pero qué quieres que te diga, yo no entro en una habitación desconocida a oscuras porque lo más probable es que me dé un trompazo.
Lo mismo te parece que somos demasiado precavidos.
O tal vez estás de acuerdo con nuestro rollo cuidadoso.
No pasa nada, cada uno busca lo que busca y para gustos, los colores, y todo eso.
Pero si tus colores son los tonos claros, puedes echarle un vistazo a nuestros servicios de corrección, maqueta, ISBN, ebook, imprenta y distribución. Estamos aquí:
