Combustible para cohetes

Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...

Nos enfadamos con un cliente

Estuve meses hablando con un poeta de Barcelona.

Quería sacar un libro para su círculo más cercano, imprimir algunos ejemplares y ponerlo bajo demanda en Amazon para que lo pudieran comprar los amigos que viven lejos y para que el libro tuviera su propia vida.

Era muy serio pero educado.

Sabía escuchar.

Me llamó y me escribió muchísimas veces.

Me preguntó hasta el último pelo de las condiciones generales.

Le mandamos dos muestras.

Hicimos varias premaquetas de su libro.

Cuando se acercaba el momento de tomar una decisión, me dijo que éramos caros.

–Sois mi primera opción pero salís 200 € más caros que mi segunda opción (un 20%) y quería preguntarte por qué, si no te importa…

A mí no me importa que me pregunten y mucho menos que pidan otros presupuestos. Más bien me preocupa cuando no lo hacen…

–Yo no sé cómo trabaja esa editorial que dices que es más barata. No sé el tipo de servicio que te van a dar, me resulta imposible comparar nuestras tarifas.

–Ya, pero entiende que es mucho dinero…

–Claro que lo entiendo y estoy seguro de que, si lo haces con ellos, te editarán el libro muy bien y no tendrás problemas.

–Pero yo quiero hacerlo con vosotros, solo necesito que hagáis un pequeño esfuerzo. No te digo de 200 € pero algo…

Ay, los descuentos.

Es mi magdalena de Proust porque mi tía siempre los pedía en todas las tiendas a las que iba.

Así que de pronto estaba con siete años, mirando a las musarañas en una tienda de las de antes, con los escaparates de aluminio, oyendo sin escuchar la dura negociación de los adultos.

–Lo siento pero nosotros nunca hacemos descuentos, ni ofertas, ni promociones –le dije.

Volvió unas semanas después.

Y sin decir nada, sin más preguntas ni explicaciones, nos contrató el presupuesto.

Y entonces empezaron todos nuestros problemas.

Te explico.

Cuando das un servicio tienes que poner límites porque con el tiempo termina pasándote de todo (ya te iré contando poco a poco…)

Rara vez tienes que echar mano de ellos porque las cosas se solucionan de otra forma mucho antes.

Pero este autor quería vivir desde el primer momento en los límites, exigía los límites.

Por ejemplo: nosotros tenemos el límite de hasta tres cubiertas distintas.

Pero yo no recuerdo que nunca a ningún autor le hayamos dicho que había alcanzado ese límite y que nos tenía que volver a abonar el servicio de cubierta para reiniciar la secuencia.

Siempre lo hemos solucionado antes.

Hasta el día en que el poeta de Barcelona nos pidió que hiciéramos de entrada las tres cubiertas.

Le intentamos explicar que no funcionaba así.

Primero hablamos contigo para ver por dónde van los tiros de lo que quieres.

Vemos el material disponible, si lo hay.

Te damos nuestro punto de vista, te aconsejamos.

Y desde todo eso diseñamos una primera cubierta.

Luego hacemos todas las modificaciones que hagan falta.

Y sí se da el caso de que la deseches en su totalidad, empezamos con la portada número dos y repetimos el proceso: escucharte, ver el material, decirte, ponernos en marcha.

Lo que nos estás pidiendo es como ir a un restaurante y exigir un bistec por cada punto de cocción posible.

Se enfadó un poco.

Lo aceptó.

Pero… cinco minutos después se enfadó con otra cosa similar.

Y luego con otra.

Y entonces nos dimos cuenta de que aquello no iba a cuajar.

Le dijimos que nosotros no podíamos darle el servicio que necesitaba, que le devolvíamos el dinero, que le deseábamos toda la suerte del mundo con su proyecto… Y que no pasaba nada, que tan amigos.

Bueno, sí pasó: nosotros siempre nos quedamos un poco tristes con estas cosas.

Para rescatarnos, justo ese día, nos llegó una encuesta de una autora que había editado con nosotros un libro precioso, de magia.

Nos ponía un 10, nada menos, y decía: Ha sido agradable trabajar con personas amables, responsables y profesionales.

Nos contrató para editar su libro: corrección, maqueta, ebook, ISBN, imprenta y distribución. Y todo empezó al otro lado de la flecha:

¿Quieres publicar?

Sigue la flecha

¿Más combustible para cochetes?

Del color del ano de Satanás

Antes, maquetar era casi una manualidad. Las páginas se confeccionaban físicamente, sobre una lámina. Se medían las líneas de texto con el tipómetro, una especie de regla de tipos de…
Leer carta

Somos tontos

Había una película, que ya casi está olvidada, Philadelphia, igual te suena. Trataba del sida y de la homosexualidad, pero en la vida de un abogado pijo y blanco. En…
Leer carta

Todo eran risas

No sé si lo sabes, pero los autores han sido siempre el patito feo del mundo editorial. Me refiero sobre todo a la parte económica del asunto, o sea, a cobrar. Y…
Leer carta