Combustible para cohetes

Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...

Mi hermano me explicaba las canciones

La primera canción pop que recuerdo es Me colé en una fiesta de Mecano. Apenas tenía seis años y me la sabía de memoria.

De pe a pa.

Pero había muchas muchas cosas de la letra que no entendía.

Por ejemplo:

¿Por qué una chica hablaba de que le gustaba otra chica?

¿Solo había coca-cola para beber? (A mí no me gustaba la coca-cola).

¿Qué era una fiesta exactamente? (Yo me imaginaba una especie de verbena en el campo con un guardia en la entrada).

Por suerte tenía a mi hermano mayor, que me lo explicaba todo sin pestañear.

Porque la canción la ha escrito un chico.

Sí, claro, solo coca-cola. A todo el mundo le gusta menos a ti.

La fiesta es cuando se junta gente en las casas, las hacen los jóvenes mientras sus padres están de viaje.

A veces, en lugar de respuestas mi hermano me regalaba nuevas preguntas, nuevos misterios.

Una vez que estábamos aburridísimos porque nos estaban comprando ropa, me miró fijamente y me dijo:

¿Quién crees que canta, un hombre o una mujer?

Justo en ese momento sonaba Bailando en el hilo musical de Galerías Preciados.

Yo enseguida contesté: Un hombre.

Él sonrió triunfal: Pues es una mujer, ¡es Alaska!

Y casi me caí de culo.

Cómo podía tener la voz tan grave.

Mientras me probaban unos pantalones intenté escuchar la letra y me surgieron más y más dudas.

¿Por qué no respetaba a los vecinos?

¿Por qué podía bailar teniendo los huesos desencajados?

Una vez más, mi hermano lo resolvió todo de un solo golpe:

Porque es punk.

Como ya habrás adivinado, detrás de todo aquello había un aprendizaje muy importante para cualquier niño humano: el funcionamiento de la ficción.

Fue entonces cuando descubrí, por ejemplo, que si algo rima es más fácil de recordar.

Que las historias necesitan elementos perturbadores: exageraciones, desafíos.

Que existen pactos de lectura: canta una chica pero desde el punto de vista de un chico.

Y sobre todo que cada historia en realidad es un peldaño a nuevas historias (nuevos misterios) en una escalera que no tiene fin porque…

¿Quiénes son los punkis?

¿Qué pasará cuando vuelvan los padres y se encuentren el piso desordenado por la fiesta?

Y sobre todo:

¿Qué demonios es la vida social?

De la misma forma que es necesario conocer las reglas de la ficción cuando se escriben historias, resulta imprescindible estar familiarizado con las reglas de la edición cuando se pretende publicar un libro.

No vale (nunca ha valido en realidad) eso de yo solo quiero escribir.

No al menos para los que ponen sus libros a disposición del público (los publican).

Del que sea, grande o pequeño.

Corres el riesgo de no enterarte de nada de lo que está pasando a tu alrededor.

De lo que está pasando con tu libro.

El libro de tus entrañas y de tu corazón.

Da igual que autoedites o que publiques con una editorial tradicional.

Tienes que conocer.

Porque conocer sirve para entender.

Y entender, ya lo sabes, sirve para crecer.

Solo si has crecido lo suficiente podrás valorar si te interesa más una editorial tradicional o autoeditar tu libro. (No siempre está claro.)

O cómo debería ser el contrato en el que cedes tus derechos de autor/a, si es que decides hacerlo. (Y cuándo no hay que firmar.)

O qué plataformas son más interesantes para distribuir tu libro. (Y cuáles no.)

O qué regalías puedes esperar de los distintos formatos. (Y cuáles debes rechazar de plano.)

Solo así, en definitiva, entenderás la letra cuando te canten canciones que lleven tu nombre, como diría la Mala Rodríguez.

Lo de la gloria ya es otra historia.

Hay quien dice que no existen los fracasos sino las malas planificaciones. Y una mala planificación siempre empieza en el mismo sitio:

No entender nada de lo que se tiene delante de las narices.

Algunos años después de lo de Galerías Preciados, mi hermano pasó un verano en Birmingham, en casa de una familia, y volvió con un montón de cintas grabadas de las bandas inglesas de la época: The Smiths, Joy Division, Dire Straits, Police, Cook Robins, The Cure, Pet Shop Boys, Depeche Mode…

Me dijo que eran las mejores canciones del mundo, pero yo no me lo creí hasta que no pude traducir las letras.

Y eso me llevó muchos años (recuerda: cero internet).

Tú no necesitas esperar tanto, nos tienes a nosotros para ayudarte a perfilar tu proyecto editorial y a publicar tu libro con nuestros servicios de corrección, maqueta, ISBN, ebook, imprenta y distribución. Estamos al otro lado de la flecha.

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