Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...
Nos pasa con cierta frecuencia que nos llaman autores y nos dicen (muy enfadados):
–Por qué se está vendiendo mi libro en la librería tal.
Intentamos contestarles rápidamente, sobre todo para ocupar el espacio porque en su cabeza está creciendo una idea terrible:
Están vendiendo el libro a mis espaldas.
Como un globo.
Se están forrando a mi costa.
Más y más cada minuto que pasa.
Y no queremos que nadie pierda la paz.
Casi siempre todo tiene una respuesta muy sencilla:
Muchas librerías enlazan sus catálogos con las bases de datos del ISBN (para atraer tráfico) pero luego, si alguien les pide un libro que no tienen, lo intentan conseguir a través de la editorial; es decir, nos lo pedirán a nosotros y nosotros le pasaremos la venta al autor por si la quiere servir.
Otras veces se trata de librerías de segunda mano, misteriosas, en lugares remotos, que venden ejemplares de libros a precios desorbitados.
¿Blanqueo de dinero?
¿Magia negra?
¿El armario de Homer con las cosas que se revalorizarán en el futuro?
Casi preferimos no saberlo.
Y en ocasiones, más de las que nos gustaría, la cosa da para un sketch de José Mota.
Por ejemplo:
Una vez me llamó un autor diciendo que una librería estaba vendiendo ejemplares de su libro.
Le dije lo de la base de datos del ISBN, pero enseguida me respondió que no era eso porque tenían ejemplares físicos.
Le dije lo de las librerías misteriosas y remotas de segunda mano, pero me dijo que tampoco porque lo vendían de primera mano y en España.
Así que llamé a la librería por teléfono para enterarme de lo que estaba pasando.
Y al otro lado me encontré con una librera de raza.
No un moderno que abre una librería como quien se compra una licuadora, es decir, por la imagen mental de él mismo en su tienda, rodeado de libros, recomendando las novelas de Burroughs a otro moderno más joven.
No.
La persona que cogió el teléfono era astuta y desconfiada, como son las auténticas libreras (ya sabes que la mayoría son mujeres), las que han sobrevivido décadas (las librerías de los modernos suelen durar poco), las que tienen el culo pelado de discutir con las distribuidoras, las que de verdad venden los libros.
Y le encantaba conversar, algo que también es muy frecuente entre las buenas libreras: saben que la información es poder.
Pero a lo que vamos:
Le pregunté por el libro.
Y lo miró y me dijo que se lo había dejado el propio autor en persona, tiempo atrás; que tenía el albarán firmado por él delante de sus narices.
En fin.
Aunque si te soy sincero, no me extrañó mucho porque esto nos había pasado ya otras veces.
Y tampoco me enfadé por el tiempo perdido porque al final me sirvió para tener una interesantísima conversación sobre el negocio.
Como te he dicho ella era mayor que yo, llevaba mucho tiempo en esto, trabajaba vendiendo libros especializados pero también tenía una pequeña editorial.
Me dijo una cosa que nunca se me ha olvidado:
Es imposible publicar un libro de alguien que no confía en ti.
Y no lo decía desde un sitio místico ni romántico, lo decía desde un sitio puramente práctico: si no hay confianza entre autor y editor, habrá problemas antes o después.
Y desde entonces han sido incontables las veces en las que he recordado sus palabras.
Para bien y para mal.
Tenía más razón que una santa.
Por eso me hizo muchísima gracia el email que nos escribió una autora el otro día.
Decía que iba a publicar su libro aquí porque había visto nuestra foto en la web y había pensado: Yo me iría a comer con esta gente.
Pues eso: ya sea para comer, como para ver nuestra foto, como para publicar tu libro (corregirlo, maquetarlo, diseñar la cubierta, hacer el ISBN, hacer el ebook, imprimirlo o distribuirlo) nos tienes aquí mismo: sigue la flecha.
Posdata: otro día te cuento sobre nuestras comidas.
