Combustible para cohetes

Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...

…más una insolación que un libro

Ya sabes cuál es nuestro trabajo: nos escriben emails, nos llaman, y me cuentan cosas.

Normalmente sobre proyectos editoriales pero hay de todo.

A veces nos tiramos media hora hablando por teléfono con una persona que nos ha contado su vida y ni siquiera nos ha dicho cómo se llama.

Hay algunas llamadas en las que nos cuentan barbaridades que les han hecho o les han ofrecido por ahí.

Barbaridades desde el punto de vista editorial, claro.

Nosotros nunca preguntamos nombres.

Y nunca sabemos si reír o llorar.

Hay cosas que directamente no nos las creemos, y tenemos que buscarlas en Internet para comprobar que son ciertas.

Nos pasó el otro día con una autora que nos dijo que le habían ofrecido, de entrada, como parte de un pack, sin conocerla de nada ni haber visto el libro ni nada, negociar los derechos de su obra en China.

Ya.

Por supuesto que el mercado internacional de derechos de edición existe y funciona, pero normalmente solo tiene sentido intentarlo con libros contrastados, que hayan tenido cierto éxito en su mercado nacional o una relevancia internacional clara (por ejemplo las memorias de Obama).

¿Puede un libro autoeditado ofrecer sus derechos de edición en mercados extranjeros y en otros idiomas?

Sí, pero casaporeltejado.

¿Y qué ocurre cuando empiezas una casa por el tejado?

Exacto: que se te cae encima.

Porque lo más normal es que la oferta de los derechos de tu libro autoeditado se parezca mucho a enviarle un email al emperador de Japón.

Y en el mejor de los casos, si tu libro cuaja y luego quieren publicarlo en otro mercado y/o idioma, te arrepentirás amargamente de las condiciones que firmaste cuando no tenías fuerza para negociar (porcentajes, plazos, control, etc.)

Pero, yo qué sé, si eso es lo que buscas, nosotros no te vamos a decir nada.

Nos quedaremos tranquilamente, leyendo esta Nota al lector chino, que Leonard Cohen incluyó en la primera edición de sus poemas en ese país.

Decía así:

Estimado lector:

Gracias por venir a este libro.

Es un honor y una sorpresa que los pensamientos frenéticos de mi juventud sean expresados en caracteres chinos.

(…)

Espero que lo halle útil o entretenido.

Cuando era joven, mis amigos y yo leímos y admiramos a los antiguos poetas chinos. Nuestras ideas del amor y de la amistad, del vino y la distancia, de la poesía misma, fueron muy influidas por esas lecturas.

Entonces puede entender, estimado lector, lo privilegiado que me siento de poder pastar, siquiera por un momento, con tan magras credenciales, por las inmediaciones de su tradición.

Este es un libro difícil, incluso en inglés, si se lo toma con demasiada seriedad.

¿Podría sugerirle que se salte las partes que no le gusten?

Quizá haya un pasaje o tal vez una página que resuene con su curiosidad.

Luego de un tiempo si está suficientemente aburrido o desocupado quizá querrá leerlo de principio a fin.

De cualquier modo le agradezco el interés en esta rara colección de ritmos de jazz, bromas de arte pop, arte religioso barato y plegaria ahogada, un interés que indica, a mi parecer, una generosidad bastante descuidada, si bien muy conmovedora, por su parte.

Hermosos perdedores se escribió al aire libre en una mesa puesta entre las rocas, las malezas y las margaritas, en mi casa en Hidra, una isla en el mar Egeo.

Viví allí, muchos años atrás. Era un verano de calor abrasador. Nunca me cubrí la cabeza.

Lo que tiene en sus manos es más una insolación que un libro.

Estimado lector, por favor perdóneme si le hice perder el tiempo.[*]

Pues eso, más una insolación que un servicio es lo que a veces se encuentra uno por ahí.

Nosotros estamos a la sombra, como siempre, y hay hueco para ti, si es que buscas una buena conversación, o servicios de corrección, maqueta, ebook, ISBN, imprenta y distribución. Estamos aquí (debajo de la nota):

[*] La fuente del texto es el propio Leonard Cohen, que lo leyó en voz alta en el documental I’m your man (2005, dir. Lian Lunson).

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