Combustible para cohetes

Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...

La pinta de Isaac Asimov

Nos costó un poco (ya sabes que somos tímidos) pero al final pusimos una foto nuestra en la web.

Por lo visto era importante para el SEO, para la credibilidad y para Dios sabe cuántas cosas más.

Nos decidimos por un selfi de una comida navideña de la editorial en la que lo pasamos especialmente bien. No ocurrió nada del otro mundo (no nos tocó el Gordo ni nada así), fue como siempre (en una casa, no en restaurante), con comida encargada fuera (para no cocinar) y con cinco postres (eso sí) para amenizar la sobremesa.

Pero todos estábamos de buen humor ese día, con ganas de hablar y de estar juntos.

Fue en la Navidad de justo antes de la pandemia.

Y será por eso o yo qué sé, pero el caso es que la foto podría tener su propia newsletter porque provoca todo tipo de comentarios.

Ya te conté el de aquella persona que nos dijo que se iría a comer con nosotros después de vernos las pintas.

A algunos se les escapa que nos contratan a pesar de la foto.

El otro día, un autor nos escribió diciendo: «Hola, panda, que más bien parecéis una pandilla…»

Y un poco de razón tiene, la verdad, porque nuestros lazos son muy antiguos.

Y eso se nota.

Los libros también suelen llevar una foto del autor o autora de turno.

Las fotos ayudan a vender, eso es una certeza estadística: siempre será mejor poner una foto que no ponerla.

La razón es muy sencilla: las fotos ayudan a crear un vínculo y si hay un vínculo nos resulta más fácil prolongar la relación y leer/comprar el libro.

Si hay un vínculo todo es más fácil en general.

En estos años de libros y libros (de vínculos y vínculos) siempre aconsejo poner foto.

Yo digo mis cosas y luego los autores me dicen las suyas, no te creas:

Que si eso es una chorrada porque lo importante es el libro (no le falta razón).

Que si no pongo foto porque soy más feo/fea que un demonio (nadie es feo cuando le conocen, ni siquiera los demonios).

Que si soy muy tímido (yo también y si te sirve de consuelo a mí me obligaron a poner foto en mi primer libro publicado).

Y al final mandan lo que les da la gana (como debe ser):

Fotos demasiado caseras.

Fotos demasiado profesionales.

Fotos de hace 30 años (con eso luego te llevas muchísimos disgustos, no lo hagas).

Fotos misteriosas (entre las sombras, con gafas de sol y embozo, de espaldas…)

Fotos del futuro…

Es verdad que el poder de los libros radica precisamente en su abstracción y que la foto, al igual que la portada, es totalmente prescindible.

Pero también hay obras literarias fuertemente asociadas a imágenes:

Sherlock Holmes y el gorro de cazador (que se sacó un ilustrador de la manga porque en las novelas no sale ni una vez).

Las novelas de Isaac Asimov y la pinta de Isaac Asimov (una especie de cowboy espacial).

La mirada penetrante de un Rimbaud casi niño que suele presidir las ediciones de sus libros.

Te confesaré algo: yo hablo con todos los autores y autoras que nos contratan, sobre todo al principio del proceso, hablamos mucho, largo y tendido… pero no veo sus caras hasta el final, cuando reviso las nuevas entradas del catálogo, y veo sus fotos de autor/a.

Y siempre me pasa lo mismo: no pienso en si son feos, o tímidas, o irresistibles, o pintones.

Más bien pienso: ¡Claro!

Y el círculo se cierra.

Justo ahí.

Pero apenas da tiempo a suspirar porque enseguida suena el teléfono y al otro lado hay alguien que ha escrito un libro y no sabe por dónde empezar y…

…Y se pone en marcha otra vez el ciclo de correcciones, maquetaciones, cubiertas, ISBN, ebooks, imprentas y distribuciones…

El ciclo de la vida.

Estamos aquí, al otro lado de la flecha (foto incluida)

¿Quieres publicar?

Sigue la flecha

¿Más combustible para cochetes?

New kid in town

Nos acabábamos de mudar a otra ciudad. Era agosto y yo estaba metido en casa, aburridísimo, porque aún no tenía amigos. Con mis quince años recién cumplidos, un sábado por…
Leer carta

Experto en amor

Una de las veces en las que más vergüenza (propia y ajena) he pasado en mi vida fue cuando me preguntaron si era experto en amor. En directo. En la…
Leer carta

La lotería de los autores

La cosa fue más o menos así.  J.A. Konrath era un autor profesional de “clase media”, que había publicado algunos thrillers en editoriales comerciales pero que no había tenido buenas…
Leer carta

Elogio de la vanidad

Leí el otro día, en el blog de Vicente Luis Mora, que había encontrado la mejor descripción que los poetas pueden hacerse de sí mismos y de sus miserias y…
Leer carta