Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...
Habíamos hecho una revista literaria y queríamos venderla.
Todo el proceso de edición del número 1 fue una locura, porque cada paso se decidía democráticamente y éramos cuatro, así que se producían muchos (muchísimos) empates, que había que resolver en interminables discusiones.
Eran cosas como si el precio debía ser de 50 o de 75 pesetas (céntimos de hoy).
O si tal o cual cuento o poema debía ir en la página 3 o en la 5.
O si había que poner primera época o no.
O si el papel debía ser más oscuro.
Imprimimos unos 50 ejemplares en la multicopista del instituto (totalmente pirata porque no nos habían dado permiso).
Y cuando todo estuvo listo, cuando tuvimos los ejemplares recién nacidos en las manos, empezamos a plantearnos la distribución.
Siempre se quiere lo que se tiene más cerca (que decía Hannnibal Lecter), así que nuestro primer objetivo era la tienda de cómics a la que íbamos constantemente.
Allí estaba nuestra vida social.
Nuestra red, que dicen ahora.
Era el sitio.
Pero cuando fuimos a llevarle ejemplares al único dependiente y dueño nos encontramos con una recepción muy poco entusiasta.
Nosotros allí con nuestra revista, por fin, que casi brillaba de pura ilusión.
Y el de la tienda mirándonos con cara de la de tiempo que me hacéis perder.
Por supuesto nos dijo que tendría que cobrarnos un 30% de comisión por las ventas.
Cuenta la leyenda que yo calculé de cabeza la comisión (una cantidad ridícula), y se la pagué de mi bolsillo, allí mismo, directamente y por adelantado.
Aunque yo no lo recuerdo así.
Más bien lo que recuerdo es que le dije que vale, le di las gracias, cogí mi albarán y me fui en silencio (no era buena idea pelearte con la única tienda de tebeos de tu ciudad) y con la cabeza baja.
Como la memoria es cuántica lo mismo pasaron las dos cosas a la vez.
En lo que sí que estamos todos de acuerdo es en que luego fuimos a una librería grande del centro.
Allí no nos conocían de nada.
Solo éramos cuatro críos llevando un panfleto grapado con poemas y cuentos que no compraría nadie.
Y sin embargo…
Sin embargo el dueño en persona bajó de su despacho y nos atendió con amabilidad.
Se interesó por conocernos.
Se quedó unos cuantos ejemplares en depósito.
Nos dijo que por ser autores locales nos cobraría el 20% de comisión en lugar del 30% habitual.
Que pondría la revista en una mesa, junto a las novedades, para que se viera.
Y que para el número 2 le avisáramos porque quería comprarnos la contraportada para hacer publicidad de su librería.
No hace falta decir que salimos de allí como motos y con unas ganas locas de seguir con la revista.
Con el tiempo descubrimos, a base de hablar con los muchachos de otras publicaciones locales, que ese hombre hacía exactamente lo mismo con cualquier autor o colectivo que apareciera con sus obras en la librería: conocerles, vender sus libros/revistas, apoyarles con publicidad…
La tienda de comics cerró.
La librería sigue abierta y es un negocio boyante con el que nosotros mismos, décadas más tarde, seguimos trabajando.
Acuérdate de esta historia cuando te traten con frialdad en una librería, en una biblioteca, en una distribuidora, en un centro cultural, etc.
No eres tú, son ellos.
Y antes o después encontrarás a los que entienden realmente de qué va esto:
Va de que todo suma.
Va de que los dos lados del mostrador son en realidad el mismo lado.
Nosotros no tenemos ni mostrador ni lados, pero sí teléfono y correo electrónico. Así que si necesitas corrección para tu libro, maqueta, ISBN, ebook, imprenta y/o distribución estamos justo aquí (sigue la flecha).
