Combustible para cohetes

Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...

Elogio de la vanidad

Leí el otro día, en el blog de Vicente Luis Mora, que había encontrado la mejor descripción que los poetas pueden hacerse de sí mismos y de sus miserias y oscuridades.

Estaba en Historia Natural de Plinio, y decía así:

“Han transmitido los autores que el poeta L. Accio erigió en el templo de las Camenas su propia estatua, de gran estatura, aunque él había sido muy bajito”.

Me hizo mucha gracia.

Luego pensé que la vanidad tiene muy mala prensa y que es muy fácil hacer chistes sobre ella.

Entonces me acordé de Valdano y de Esnáider.

Esnáider era un delantero argentino de los años noventa con muy mal genio, muy agresivo.

Un día le echaron por una tontería. Roja directa. Su equipo perdió el partido.

Los periodistas estaban cabreados y culpaban a Esnáider por la derrota. 

El entrenador era Valdano.

Les dijo: Cuando fichamos a Esnáider también fichamos su carácter, y su carácter nos hará ganar otros partidos.

Impecable.

Valdano desactivó la bomba de la culpa, limpiamente, sin despeinarse.

Y de paso dijo una gran verdad que puede aplicarse a cualquier virtud o defecto.

La vanidad tiene un lado muy oscuro, muy ridículo, pero es necesaria para escribir un libro, para salir a un escenario, para abrir las puertas de un negocio.

Es una especie de reactor nuclear.

Necesitas esa confianza en tus posibilidades para hacer cosas extraordinarias.

Esa energía.

Ese amor irracional por ti.

Pero, claro, si se te va de las manos te vuelves ridículo, insoportable, absurdo. 

Y picas en todos los anzuelos.

Por ejemplo un informe de lectura gratuito, lleno de elogios sobre tu libro, para animarte a autoeditar con la editorial en cuestión.

Hay mucho de eso por ahí, ya lo habrás visto.

O los falsos concursos literarios que mandan una carta a todos los participantes diciéndoles que no han ganado pero, hey, tu libro nos encanta y queremos publicarlo, aunque necesitamos garantizar unas ventas mínimas que tendrías que cubrir tú con tu dinero…

Otro clásico.

La vanidad tiene muy mala prensa, allá donde oigas hablar de ella será un defecto. 

Hay un montón de fábulas intentando demostrar lo dañina que es.

Hasta su raíz juega en su contra (vanidad es la cualidad de vano).

Pero nosotros lo tenemos claro: la vanidad es el combustible para cohetes con el que vencer la fuerza gravitatoria de un planeta entero.

Esa que intenta aplastarte contra el suelo. 

Justo esa.

Si quieres despegar, nosotros podemos ayudarte. Estamos aquí mismo (mira arriba). 

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