Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...
El otro día estaba por casualidad en Twitter (lo piso poco) y leí esto:
Un editor es el que cree en vos cuando no vendés, no ganás ningún premio y tus libros no tienen género determinado ni van con el espíritu de la época. Cuando vendés, ganás premios y tus libros sincronizan con la música ambiente, se llama socio.
Lo escribió: Ariana Harwicz @ArianaHar
Conozco a más de un editor (de los pequeños, que son los únicos que todavía invierten en talento nuevo) que a esa afirmación contestaría lo siguiente:
Un autor es el que NO se va a una editorial más grande cuando vende, gana premios y sus libros se ponen de moda. Lo otro, el que solo está contigo cuando no le conoce nadie pero se marcha en cuanto se hace famoso y le ofrecen más dinero, se llama mercenario.
Y ambos tienen razón.
Los editores se han dedicado a robar a manos llenas a los autores.
Ejemplos hay miles: Emilio Salgari, uno de los bestsellers más grandes de todos los tiempos, se suicidó, totalmente arruinado por culpa de su editor.
Y los autores, siempre que pueden, se van con el mejor postor.
Ejemplos hay a tutiplén: el último, la premio Nobel Louise Glück y el bueno de Manuel Borrás, en Pre-textos, que se ha tirado 15 años traduciendo y publicando los libros de una poeta americana que no leía nadie aquí, para que ella, una semana después de ganar el Nobel, le recurra los contratos por chorradas y se lleve los libros a la editorial de enfrente.
Editores y autores: enemigos irreconciliables.
Como los perros y los gatos.
Como los policías y los ladrones.
Como el agua y el aceite.
Pero, espera, ¿eso tiene remedio?
Pues sí.
Y se llama: autoedición.
Y tú dirás: toma, claro, si autoeditas no tienes que pelearte con un editor.
Obvio.
Pero yo me refiero a que la autoedición es un remedio para TODOS.
¿También para aquellos que no quieren autoeditarse?
También.
¿También para los detractores más furibundos de la autoedición?
También.
¿También para las camarillas literarias que todavía existen en Madrid y Barcelona, que hacen las cosas como en el siglo XIX, y que sonríen con desprecio cuando oyen hablar de autoedición?
También.
Es buena incluso para los que hacen como si no existiera.
(La Prensa publicó el otro día a bombo y platillo que el famoso escritor xxxxx xxxxxxxxx había revolucionado el mundo editorial porque había decidido autoeditar su último libro).
(A estas alturas).
(Ya).
¿Y sabes por qué?
Por una simple cuestión de oportunidades: cuantas más opciones de publicar haya, mejor para todos.
Mejor para los autores: porque tendrán más fuerza para negociar.
¿Y mejor para el editor?
Sí, porque tiene un beneficio bastante claro: separar el grano de la paja.
Los autores que autopublican son mucho más conscientes de lo duro que es vender y promocionar un libro.
Han tenido que elegir una portada vendedora.
Han tenido que tomar decisiones para hacer su libro más comercial.
Han tenido que decidir un precio de venta, ajustarse a un presupuesto a la hora de decidir las calidades.
Se han pateado foros, clubes de lectura, librerías… promocionando su libro.
Están menos en gloria la que me deben.
Y más en yo sé quién soy y exactamente lo que valgo (si hablamos de dinero, que no todo es dinero) y quiero negociar contigo.
Los glorialaquemedeben firman lo primero que les ponen delante, con tal de que su ego esté bien alimentado.
Y luego vienen los gritos y las carreras.
Los yoséquiénsoy miran lo que tienen, miran lo que les ofrecen, y consiguen acuerdos seguros y plácidos como la balsa del niño Huck y el negro Jim surcando el Misisipi en pleno amanecer.
Acuerdos que duran en el tiempo.
Que limpian la mirada.
Que abren el corazón.
Ya te imaginas cuáles son los que más nos gustan por aquí.
Y para sus libros tenemos, relucientes en la estantería de la editorial, todos nuestros servicios: corrección, maqueta, cubierta, ISBN, imprenta, ebook, y distribución. Los detalles: al otro lado de la flecha.
