Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...
Lo dijo Francisco Umbral.
El columnista más leído de la historia de España.
El autor de cientos de libros, de miles de artículos.
El ganador de todos los grandes premios, incluido el Cervantes.
El éxito está vacío.
La crítica le adoraba cuando lo dijo.
Y además vendía muchísimo. Al menos un millón de personas leía sus artículos cada día.
Había alcanzado un éxito rotundo.
Completo.
Así que creo que podemos decir que sabía de lo que hablaba cuando hablaba del éxito.
Hay muchos autores que nos contactan porque quieren eso.
Justo eso.
Y es un anhelo lícito, faltaría más, pero si no lo gestionas bien se volverá contra ti.
Se dará la vuelta y te mirará a los ojos, igual que el abismo de Nietzsche.
El éxito tiene sus peajes.
El primero es el trabajo y la dedicación. Es raro que consigas algo con tu primer libro (Umbral tardó unos cuantos en tener ventas significativas).
El segundo, quizá el más duro, es que todo ese trabajo y dedicación no garantizan nada: hace falta que tengas talento y hace falta que tengas suerte.
Y ambas cosas, talento y suerte, no dependen de ti.
Pasa o no pasa.
Pero no se compra, ni se consigue.
No y no.
Y, por último, están los vasos de mierda.
Porque los que abren ciertas puertas te van a pedir ciertas cosas.
Cosas difíciles.
Por ejemplo: que siempre repitas la fórmula que te proporcionó el éxito.
Por ejemplo: que apoyes públicamente a alguien a quien detestas.
Y de ahí para arriba.
Nosotros, con el tiempo, hemos empezado a ver todo esto de otra forma.
El éxito, digo.
Y mira que cuesta quitarse de encima toda la propaganda competitiva con la que nos llenan la cabeza desde pequeños…, pero cuando lo consigues es maravilloso.
Quiero decir: escribir está lleno de éxito.
Quiero decir: cantar en un coro de jotas manchegas está lleno de éxito.
Quiero decir: ponerte a dibujar con un niño en la mesa del comedor un martes por la tarde está lleno de éxito.
Y cualquiera que haya hecho algo artístico con una mínima intención lo sabe.
Porque en realidad el éxito (si hablamos del arte) está en esa plenitud: la de expresar y compartir.
¿Y sabes la buena noticia?
Que ese éxito está al alcance de cualquiera.
Se suponía que hoy iba a escribirte una carta para conjurar el miedo que tienen todos los autores a no alcanzar el éxito comercial, y al final me ha salido otra sobre el miedo que deberías tenerle al éxito comercial.
A quererlo, a conseguirlo.
A la manera en que te puede secar y retorcer.
¿Estoy diciendo que es malo que quieras convertirte en un escritor comercial, aclamado por la crítica?
No.
Estoy diciendo que lo otro es mejor.
Que lo otro es lo más importante, lo que te traerá la mayor recompensa.
No un premio de consolación.
No la charla sobre participar que te suelta tu madre cuando quedas octavo en la carrera del colegio.
Estoy diciendo la medalla de oro.
Francisco Umbral dijo en una entrevista: Solo he vivido cinco años de mi vida, los cinco años que vivió mi hijo. Antes y después todo ha sido caos y crueldad.
Hay poco más que añadir a algo así.
Solo que si necesitas ayuda para publicar tu libro, estamos, como siempre, al otro lado de la flecha.
P.D.: Las citas de Francisco Umbral están extraídas del documental Anatomía de un dandy (España, 2020) de Charlie Arnaiz y Alberto Ortega (directores).
