Combustible para cohetes

Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...

El epitafio de Bette Davis

Hola,

Si estás leyendo esto es porque te interesa publicar un libro.

Da igual que seas la autora, el hijo, la persona a la que le ha caído el marrón en tu empresa, o el nuevo Max Brod.

Quieres publicar un libro y nosotros nos dedicamos a explicar cómo funciona esto de publicar un libro, así que estás en el sitio indicado.

Más cosas importantes: 

Vendemos servicios editoriales, principalmente estos: maqueta, cubierta, corrección, imprenta, ebook, distribución, ISBN.

Otra asunto que conviene que sepas cuanto antes es que a nosotros nos gustan las explicaciones con muchos grises.

No esperes frases del tipo “cómo ser un bestseller en Amazon”.

O “tu libro en Fnac, Casa del Libro y El Corte Inglés”.

Si buscas eso, es mejor que no pierdas el tiempo con estos emails.

Ya van tres motivos para borrarte y aún sigues aquí.

Será porque también te gustan las cosas difíciles.

Será porque te gusta publicar.

Déjame que te diga algo sobre eso.

Publicar no es, ni de lejos, poner un libro a la venta. 

Ni tampoco tramitar un ISBN. 

Ni siquiera imprimir ejemplares de una obra.

Publicar es compartir.

Lo que sea: tu experiencia, tu opinión, tus temores, tus anhelos, tu felicidad, tus conocimientos…

Pero compartir. 

Ese es el único ingrediente que no puede faltar.

Porque lo privado muere privadamente, en silencio. 

Y los libros son ruido, son disparos al aire, fogonazos que no se sabe cuándo ni a quién iluminarán.

Pienso en Anna Frank, en Franz Kafka, en John Kennedy Toole… 

A veces ese público con el que se comparte son apenas veinte personas. Por ejemplo un libro familiar de memorias o de recetas.

Otras veces, una obra tiene decenas de miles de lectores.

Un amigo escritor nos contó hace tiempo que sufrió un bloqueo terrible. Su último libro apenas había tenido repercusión y se sentía un miserable y un fracasado.

 Un día, cenando con su editor, le habló de su problema.

 —Para qué escribir si no tengo lectores —le dijo.

 El editor le contestó sin mirarle, mientras cortaba su filete.

 —Tienes uno.

Nuestro amigo nos dijo que al principio le pareció una tontería, una broma casi de mal gusto. Pero que, con el paso de los días, aquella respuesta fue creciendo en su interior y terminó por sacarle de su bloqueo.

Sin drama, sin presión, la respuesta era tan sencilla como verdadera.

Un lector, qué más quieres.

En realidad solo necesitas a uno para completar el canal: emisor, mensaje, receptor.

Y si completas el canal ya sabes: 

Ruido.

Disparo.

Un fogonazo de luz para no se sabe quién ni cuándo.

Publicar.

Si necesitas ayuda, ya sabes donde estamos. Al otro lado de la flecha.

P.D.: Por cierto, el epitafio de Bette Davis es “she did it the hard way” (“lo hizo a la manera difícil”).

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