Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...
Hay autores que no nos quieren.
Piden presupuesto, valoran sus opciones y eligen otra editorial para publicar su libro.
No es nada nuevo, les pasa a todas las empresas del mundo, todos los días.
Algunas veces nos avisan.
Otras directamente desaparecen.
En estos tiempos de acoso comercial, nos parece de mal gusto hacer seguimiento de los presupuestos.
Así que, cuando desaparecen, no volvemos a saber nada de ellos.
Salvo que todo vaya mal.
Es como el cowboy de Mulholland Drive, si uno de esos clientes desaparecidos vuelve (“si le vemos dos veces”) es porque algo malo ha pasado.
En esos casos toca hacer café y dejarles que cuenten su historia.
Aunque siempre sea la misma historia.
Y aunque siempre sea una historia triste, de ilusiones traicionadas.
De las que te hacen un poco más viejo.
El otro día, sin ir más lejos, volvió uno de esos clientes desaparecidos, una autora que nos había pedido presupuesto, años atrás, para un libro sobre demencia senil.
Me contó que al final había optado por publicarlo en la editorial de un amigo suyo, pero que ese amigo iba a cerrar la empresa.
Quería que le diera precio para hacer una segunda edición de su libro.
Yo se lo di sin hacer preguntas.
Pero, cuando empezamos a hablar de los detalles, salió el monstruo.
Y no era bonito.
Resultó que el amigo no cerraba la empresa ni nada parecido.
Que más bien la cosa había terminado mal.
Muy mal.
Y lo peor de todo era que el libro había tenido muy buena acogida.
Le había brindado la posibilidad de dar muchas charlas, de conocer a gente nueva, de enriquecer su experiencia…
Pero con la editorial todo había sido un desastre: pésima distribución, descontrol, negligencia, retrasos injustificados, cero liquidaciones de las ventas y, para rematar, un contrato leonino que el “amigo” editor no quería romper por las buenas.
O sea que todo mal pero además no te dejo irte.
Y el caso es que irse era fácil, porque el editor había incumplido el contrato, pero el único camino era pleitear.
Y ya sabes la maldición: Dios te dé juicios y los ganes.
Al final, la segunda edición de su libro, la que quería hacer con nosotros, se tuvo que parar.
Porque lo primero que te pasa cuando pleiteas es que el tiempo se vuelve denso.
Es como si estuvieras de pronto en otra dimensión.
Todo se retrasa indefinidamente.
Si tenías prisa, ya has perdido.
¿Le habría ido mejor si lo hubiera hecho con nosotros desde el principio?
Pues vete a saber porque nosotros también metemos la pata.
En una ocasión reimprimimos un libro hasta cuatro veces en dos imprentas distintas y todo el tiempo salía mal.
En otra pusimos un ISBN incorrecto en un libro del que se terminaron imprimiendo mil ejemplares.
Podría estarme un día entero contando historias sobre equivocaciones y errores (y 500 noches sobre las veces en que todo sale bien).
Pero jamás nunca never hemos tenido un problema relacionado con contratos o derechos de edición con ningún autor.
¿Por qué?
Pues muy sencillo: porque jamás nunca never firmamos contratos de cesión de derechos.
Ni de permanencias.
Ni de derechos de tanteo.
Ni de nada raro.
Tu libro es tuyo para que hagas con él lo que quieras, cuando quieras y cómo quieras.
Y nuestra editorial es nuestra y queremos ayudarte con la corrección, la maqueta, el ISBN, el ebook, la imprenta y la distribución de tu libro. Estamos al otro lado de la flecha. Justo ahí.
