Combustible para cohetes

Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...

Cómo piensan las libreras

Ya sé que los consejos y tal, pero este es bueno: habla con tu librera.

Yo lo hago a menudo con la mía.

 Se llama Cristina y tiene una pequeña librería que a mí me parece perfecta.

Está al lado de mi casa.

No es nada pretenciosa.

Tiene un fondo bastante completo de literatura universal.

También cómic.

Trae cosas que casi siempre me interesan.

Y si quiero pedirle algo, solo tengo que mandarle un whatsapp y me lo consigue.

Pero lo mejor de todo es cuando me paso por allí a charlar con ella.

Yo le cuento de la autoedición, de Amazon, de lo que pasa en Estados Unidos, de tendencias, de imprentas, de diseño editorial…

Y ella me cuenta de distribuidoras, de stocks, de clientes, de actividades, del sector…

Se nos pasa el tiempo volando.

Un día me confesó que vivía con ansiedad por el enorme número de novedades que recibía.

En España un librero es asediado por entre 500 y 700 referencias nuevas cada semana.

Y no suman ni la mitad de los ISBN que se tramitan anualmente en nuestro país. Porque no todo lo que se publica se comercializa.

Pero lo que sí se comercializa les llega a los libreros por tierra, mar y aire.

En voluminosos catálogos de papel.

En emails diarios llenos de novedades.

A través de sufridos comerciales que les visitan con una sonrisa de oreja a oreja. 

Incluso hay libros que aparecen en la tienda por su propio pie (algunas distribuidoras, de grandes grupos editoriales dejan remesas de libros en las tiendas por sistema, sin preguntar; ¿terminará haciendo Amazon eso mismo con nosotros: mandarnos cosas que nos interesan sin preguntar y decirnos que si no las queremos las devolvamos?).

Pero volviendo a lo nuestro…

El librero tiene que entender cada una de esas novedades.

Y tomar dos decisiones al respecto: ¿la traigo?, y si es que sí, ¿cuántos ejemplares pido?

Porque, claro, en la tienda cabe lo que cabe.

Si una librera le dedicara cinco minutos a cada una de las 500 novedades semanales, se tiraría toda una semana laboral estándar (40 horas) haciendo solo eso (decidiendo qué vender), sin poder colocar libros, ni atender a clientes, ni nada.

Creo que era Guillermo Schavelzon el que decía en su blog que nunca había leído menos que cuando regentaba una librería.

Cristina me estaba contando lo de los cientos de novedades y el agobio, y le pregunté que cómo lo hacía.

[Un breve inciso para explicarte por qué te interesa mucho su respuesta: en España, según CEGAL, hay unas 3.500 librerías pero la inmensa mayoría son como la de Cristina, pequeñas, generalistas, facturan poco (apenas un sueldo) y están regentadas por una mujer que vive asediada por las novedades y que seguramente no le prestará ninguna atención a tu libro.]

Ahora la respuesta:

–Disparo al bulto –me dijo–. Hay editoriales, hay colecciones, hay distribuidoras, hay autores… que sé que cuajan con mi clientela. Ahí lo pido todo por sistema. Y viceversa: hay muchos otros que sé que no, y directamente los deshecho. También estoy pendiente de los suplementos culturales, de la radio, de lo que me dicen mis clientes, de lo que pasa por el barrio, por la ciudad.

 Luego suspiró. 

–Aun así no me cabe duda de que se me escapan un montón de cosas.

A mí tampoco me cabe ninguna duda de que a Cristina y a todas las cristinas de España se les escapan un montón de libros.

Seguro que piensas que el tuyo es uno de esos.

Y haces bien. 

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