Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...
Tengo que hacerte una confesión: yo era un niño de los de la llave al cuello.
Todos en mi casa estaban trabajando o entrenando o en el instituto… o lo que sea que hicieran por las tardes.
Todos menos mi hermano pequeño (que venía junto a la llave).
La tercera pieza del puzzle era nuestra vecina Sandra que tenía un año o dos menos.
Hija única.
De padres separados (en aquellos tiempos).
Coincidíamos todos los días en el camino de vuelta desde la parada de autobús de la ruta del colegio.
Ella también llevaba su llave al cuello, claro: sus padres trabajaban los dos.
Pero en vez de con un hermano pequeño y latoso, su llave venía con 50 pesetas (el equivalente de un euro de ahora si tenemos en cuenta la inflación) en el bolsillo para comprarse la merienda.
Así que todas las santas tardes de diario hacíamos una parada en el supermercado de la madre de otra niña del barrio, Carolina (una outsider), y Sandra se compraba un cuerno, o una caña, o un dónut de chocolate…, lo que le apeteciera en ese momento.
Aquello me parecía la bomba.
El colmo de la suerte.
La repanocha.
Porque a nosotros nos esperaba en casa un bocadillo de chorizo, o de salchichón, o de queso, o de mortadela.
Pero nada de chocolate, nada de crema pastelera, nada de azúcar. Solo el espectáculo de Sandra saboreando su deliciosa merienda de hija-única-de-padres-divorciados-en-los-ochenta mientras los tres bajábamos la colina que separaba el supermercado de nuestra casa y su triste merienda.
Hoy veo las cosas de otra forma.
Pero no te asustes que no te voy a meter un rollo sobre el amor maternal y sobre que ahora que tengo hijos lo entiendo (si es que los tuviera), etcétera…
No.
Mi rollo de hoy es sobre las recompensas inmediatas y llenas de azúcar.
Porque cuando publicas un libro pasa exactamente lo mismo.
Quieres el cuerno de chocolate relleno de crema pastelera.
Pero lo que te conviene es el bocadillo de salchichón.
Cuando te comas muchos bocadillos de salchichón, crecerás, y tendrás mejores músculos, mejores huesos, mejores tendones… Aceros USA.
Merendar a diario cuernos industriales de crema pastelera solo te convertirá en un niño obeso y lleno de ansiedad.
O dicho de otra forma.
Buscar distribución convencional a gran escala para tu primer libro con apenas promoción es la mejor manera de acabar con tu carrera como escritor/a.
Porque sin duda todo irá mal.
Probablemente te timen (esa crema pastelera es en realidad sebo con colorante y azúcar).
Y tu libro acabará en el boulevard de los sueños rotos.
¿Qué tienes que hacer entonces?
Comerte los bocadillos de chorizo (y amor) que te ha preparado tu madre antes de irse a trabajar.
O dicho de otra forma (otra vez):
Visitar nuestra editorial donde podemos asesorarte sobre los servicios (y el amor) que necesitas para publicar tu libro. Date prisa porque hay muchas decisiones que tomar: maqueta, cubierta, corrección, ebook, ISBN, imprenta, distribución. Estamos al otro lado de la flecha, ya sabes.
