Combustible para cohetes

Esto son un montón de cartas para ti que hemos ido escribiendo, poco a poco, en estos últimos veinte años. En ellas te contamos cómo funciona realmente esto de publicar y de autoeditar, pero también hablamos de otras cosas, no creas...

Adelgaza con esfuerzo

Los autores son tímidos, solitarios… y por eso escriben.

O al menos eso creen.

Porque luego quieren que los demás lean sus libros.

Quieren socializar (aunque no lo sepan).

Pero para conseguirlo hay que salir de las cuatro paredes del estudio.

No hay otra.

Cuando les digo esto, muchos me confiesan que son incapaces de plantearse siquiera una presentación.

–Cómo voy a estar yo ahí, delante de todos, qué les voy a decir.

–Te entiendo perfectamente –respondo enseguida.

Y es la pura verdad, yo mismo, en los viejos tiempos, era un autor tímido con fobia promocional.

El otro día una escritora de Tarragona me preguntó cuál era la “fina línea” (textual) que separa la promoción de la matraca.

–Bueno, es que para empezar esa línea no es fina –le dije–, no la cruzas en un descuido. Se parece más al Muro de Berlín que a la frontera con Portugal. Ser pesado sin querer en realidad es un oxímoron.

Esto le hizo gracia.

–Pero cómo –dijo.

Y entonces le expliqué que la primera regla para no ser pesado es hablar donde tengas algo que decir.

O sea, que no promociones en una carnicería tu libro de recetas veganas.

Eso implica, obviamente, conocer a tu lector/a.

Y tu lector no son todos.

No me digas eso porque no me vale para nada.

Tu madre no lee los mismos libros que tú.

Ni ve las mismas series.

Tu hijo no lee los mismos libros que tú.

Ni ve las mismas series.

Pero hay más reglas.

La promoción tiene que durar un tiempo, tiene que empezar y terminar.

Ese tiempo no puede ser mucho (dos semanas).

Y cuando se acaba, se acabó.

A partir de ahí el agua tiene que correr monte abajo (promociones pasivas, ya hemos hablado de eso antes), al menos hasta que reactives una nueva campaña (para ese libro o para el siguiente).

Otra regla básica es que la promoción tiene que centrarse en aquello que hace que tu libro sea único e interesante.

Los modernos lo llaman USP (unique selling proposition); en cristiano: propuesta única de venta.

Puede ser un personaje: un detective de novela negra en plan años 50 pero gay.

Una promesa insólita: adelgaza con esfuerzo.

Un tema peculiar: la vida de un hermafrodita.

Una referencia exitosa: el Stephen King de Albacete.

Una solución: cómo gestionar las redes sociales de tu hijo adolescente sin que te odie.

Un buen what if: ¿y si el cohete de Superman hubiese aterrizado en la URSS?

Hay tantas como libros.

Y una vez la tengas bien aislada, la repites y la repites y la repites como un mantra.

Paco Umbral (ya hemos hablado de él), tan serio e intelectual, era el tipo que en mitad de una entrevista en la tele, de las de antes, en blanco y negro, con cenicero y sillas de sala de espera de banco, se sacó una manzana del bolsillo y se la empezó a comer con toda naturalidad.

¿Era su hora de la merienda?

No, claro que no, estaba sacándose una USP de la manga.

Así, tal cual.

Con toda su jeta.

Por arte de birlibirloque.

Y fíjate si era buena que yo aún me acuerdo chorrocientos años después.

Nosotros, tanto si eres un maestro de la promoción como si simplemente quieres publicar un libro porque te apetece, estamos aquí, con los servicios de siempre: corrección, maqueta, cubierta, ebook, ISBN, imprenta y distribución. Y donde siempre: al otro lado de la flecha.

¿Quieres publicar?

Sigue la flecha

¿Más combustible para cochetes?

Y hablar no tiene fin

Hace muchos años emprendimos un viaje iniciático a una de las capitales de provincia más importantes de España. Una peregrinación, se diría, porque íbamos a visitar a un editor. Le…
Leer carta

La pinta de Isaac Asimov

Nos costó un poco (ya sabes que somos tímidos) pero al final pusimos una foto nuestra en la web. Por lo visto era importante para el SEO, para la credibilidad…
Leer carta

New kid in town

Nos acabábamos de mudar a otra ciudad. Era agosto y yo estaba metido en casa, aburridísimo, porque aún no tenía amigos. Con mis quince años recién cumplidos, un sábado por…
Leer carta

Experto en amor

Una de las veces en las que más vergüenza (propia y ajena) he pasado en mi vida fue cuando me preguntaron si era experto en amor. En directo. En la…
Leer carta