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¿Por qué la autoedición tiene sentido a pesar de su mala fama?

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Casi tan antigua como la autoedición es su mala fama entre escritores, editores y lectores. Pero en qué se basa esa leyenda negra. Veamos algunos de los argumentos de sus detractores:

 

No hay filtros: nadie, salvo el propio autor, ha considerado interesante la publicación de ese libro; o sea que el libro seguro que es “malo”; o sea que los lectores lo “evitarán” porque lo “saben”

 

Es una derrota: se asume que el autor habría preferido publicarlo en una editorial convencional, en vez de por sus medios.

 

Son libros mal editados: como no los hacen editoriales, los libros autopublicados están mal editados (malas cubiertas, malas ediciones, etc.)

 

No da dinero a sus autores.

 

Entonces, ¿por qué la autoedición tiene sentido a pesar de todo?

 

Llega a nichos a los que las editoriales no llegan.
Por ejemplo, un libro sobre la historia de las fiestas de Socuéllamos tiene un mercado, lógicamente en Socuéllamos. Y con esa idea se autopublicó “Las ferias de mi vida” de Antonio Reales, una obra que reunía fotos de los últimos decenios de las fiestas de esta localidad manchega. Es fácil adivinar el éxito que tuvo la publicación, muy superior al de un lanzamiento medio de cualquier editorial comercial.

 

Llega a obras a las que las editoriales no llegan.
Partimos de la base de que las editoriales son infalibles, rastrean el mercado y eligen aquellos títulos que por su valor comercial y/o su calidad merecen ser destacados. Pero a poco que se profundiza en ese mundo se adivina una turbia sopa de amistades, redes personales, intentos de pelotazo, libros con promociones que se hacen solas (por ejemplo el de cualquier presentador de televisión), temas de moda trabajados a toda prisa (por ejemplo cuando muere cualquier personaje famoso)…

 

¿Queda entonces sitio para un libro simplemente bueno?

 

Los propios editores te dirán, entre café y café, en confianza, que es muy difícil publicar un libro cuyo único argumento es su calidad. ¿Merecen esos libros entonces caer en el olvido? No, queda la autoedición: aquello que una editorial rechaza puede alcanzar el favor del público, en esta vida o dentro de 100 años. Hay muchos escritores que autoeditaron alguno de sus libros, y hoy son clásicos; por ejemplo Edgar Allan Poe.

 

Protege a los autores de una mala edición de sus obras.
Aunque resulte difícil de creer, las editoriales en muchas ocasiones también editan mal los libros: malas cubiertas, malas calidades, malas ediciones. Cualquiera que conozca a un escritor profesional le habrá escuchado hablar de que tal editorial se la “jugó” en uno de sus libros (con la portada, con la corrección, con las calidades…) sin que ellos pudieran hacer nada para evitarlo. Por eso, para controlar el proceso y evitar precisamente una mala edición, muchos autores prefieren autopublicar su obra, normalmente ayudándose de los servicios de profesionales para ir cubriendo las distintas etapas (maquetación, cubierta, corrección, etc.) y conseguir ese acabado profesional que nunca se le presupone a un libro autoeditado pero que en realidad está al alcance de cualquiera.

 

Protege a los autores de los retrasos injustificados de las editoriales.
Otro tema de conversación habitual con cualquier escritor profesional es lo que está tardando su editorial en sacar su libro (a veces años). La autoedición permite controlar el calendario y editar el libro justo en el momento en que el autor quiere.

 

La autoedición sí da dinero.
Un autor en una editorial convencional cobra en torno al 6/10% del PVP de un libro. Es decir, si se imprimen 1000 libros y se venden todos, y esos libros tienen un precio de venta de, pongamos, 12 €, el autor gana (en el mejor de los casos) 1,20 por libro vendido, es decir 1.200 € en total.

 

Esos mismos 1000 libros, autoeditados, pueden llegar a proporcionarle un porcentaje de hasta el 70% en venta directa (contando con un 30% de gastos), lo que supondría un ingreso de 8.400 €. O dicho de otra forma, un autor sólo necesita vender 150 libros para obtener esos 1200 €.

 

Lógicamente no todos los libros autoeditados consiguen vender mil ejemplares, pero desde luego tampoco los publicados por editoriales convencionales, y hace ya tiempo que se abandonó la noble costumbre del adelanto… En cualquier caso si un autor ya tiene el canal de ventas o de promoción construido, ganará mucho más dinero autoeditándolo.

 

“El hijo del herrador” de Ricardo A. Fernández, una novela ambientada en el medievo español, autopublicada, distribuida por el propio autor en mercadillos medievales y algunas librerías, lleva ya varios miles de ejemplares impresos, y se vende a 18 €…

 

La autoedición es buena para todos los escritores.
Incluso para aquellos que no quieren autoeditarse. Y esto sucede por una simple cuestión de oportunidades: cuantas más opciones existan para el autor, más fuerza tendrá para negociar.

 

 

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